La atención a la Formación Profesional y su propia casuística ha sido a menudo relegada a un segundo plano del debate público sobre la educación. Hay que pensar si tenemos que considerar este hecho como indicador de la concepción social que rodea estos tipos de estudios, una imagen que se ve todavía inserta, desgraciadamente, en cosmovisiones estereotipadas y sesgadas.

El Consell Escolar de la Comunitat Valenciana, como máximo órgano consultivo sobre los asuntos educativos, no puede situarse de espaldas a los debates actuales sobre la Formación Profesional, a la que debe una atención igual que la profesada por los otros niveles educativos. Es por eso que, ejerciendo su potestad de órgano propositivo, organiza una ponencia para reflexionar en profundidad, y desde una posición crítica, a propósito de la Formación Profesional que tenemos en nuestro entorno y la que aspiramos a tener. Esta ponencia se ha nutrido, además, de un simposio celebrado en Altea en noviembre de 2017 que, bajo el título de “Repensem l’FP” (Repensemos la FP), tenía como objetivo fundamental convertirse en un espacio plural de análisis y de intercambio de ideas, saberes y prácticas, pero también un espacio de generación de propuestas.

Hablar de la Formación Profesional supone situarnos en el sistema productivo, en el entramado empresarial y económico de nuestra comunidad autónoma y en el juego de la demanda y la oferta de profesionales. En este plan, el debate tiene que bascular en la correspondencia entre las necesidades de mano de obra del entorno, la capacidad profesionalizadora de los centros formativos y los itinerarios profesionalizadores del alumnado. Un ejercicio de equilibrio de una complejidad indudable. Ahora bien, reducir la reflexión sobre la Formación Profesional al binomio formación-mercado de trabajo, supone obviar los procesos de construcción identitaria y ciudadana que la Formación Profesional, en cuanto que agencia socializadora, promueve; unos procesos en que está implicado no solamente el alumnado, sino también otros actores como por ejemplo son las familias y el profesorado.

El alumnado tiene que ser el objeto principal de nuestra preocupación. Un alumnado que tiene que acceder a los estudios disponiendo de información de la mejor calidad posible y con las condiciones de accesibilidad óptimas; un alumnado que tiene el derecho de cursar estudios de calidad que le permiten profesionalizarse a la vez que se adecuan a sus intereses y motivaciones, pero que también le facilitan construirse como agentes de cambio social en unos entornos en constante transformación como por ejemplo son las sociedades actuales; por último, un alumnado que, al finalizar sus estudios, tiene que disponer de los conocimientos y habilidades para poder insertarse laboralmente.

Este alumnado cuenta, en la mayoría de los casos, con un entorno próximo que es la familia. A pesar de que la diversidad del alumnado de Formación Profesional, sobre todo en cuanto a la edad, dificulta que equiparemos el papel que cumplen sus familias al que puedan tener las del alumnado de los centros de Educación Secundaria, no podemos obviar la tarea que realizan éstas en cuanto al acompañamiento, el consejo, la orientación y, desde una vertiente más estructural, la accesibilidad (física, económica, social) a la Formación Profesional.

En la formación del alumnado están directamente implicados los centros educativos y, en ellos, todos y todas las profesionales que asumen una tarea educativa. Tanto los centros educativos en cuanto que instituciones sociales como también el profesorado no actúan de manera aislada y autónoma, sino que responden a unos entornos con necesidades y demandas propias. Unas demandas que no se pueden desatender, ciertamente, pero que tampoco pueden relegar a un segundo plano una de las tareas más importantes que se espera de los centros educativos y de los profesionales que trabajan: la formación de personas. Resulta incuestionable que tanto los centros educativos como todos y todas aquellas profesionales que asumen una tarea educativa, necesitan contar con la formación, los recursos y las condiciones más idóneas posibles para poder cumplir con esta demanda social.

Sobre el entorno productivo recaen las expectativas de inserción laboral del alumnado de Formación Profesional. Para hacer posible este hito resulta inexcusable la coordinación entre las necesidades de habilidades, aprendizajes de la demanda y la naturaleza de la oferta. Una exigencia que involucra tanto las políticas educativas, como los centros de Formación Profesional, como el tejido empresarial en una relación de trabajo conjunto y coordinado. Su relación no puede aplazarse en el momento de inserción del alumnado al mundo laboral, sino que tiene que emprenderse en el proceso formativo.

En el momento que el CECV asume el reto de repensar la Formación Profesional, se compromete a la vez con este debate intenso que involucra, como ya se ha avanzado, varios agentes,
relaciones y niveles de atención. Recogiendo este compromiso y siguiendo con la trayectoria de trabajo que ha traído hasta ahora el CECV, tanto el simposio de reflexión de noviembre 2017 en Altea, como el documento resultante de la ponencia del CECV “Repensem l’FP” se han estructurado a partir de unos ejes que quieren atender los distintos actores y agencias implicados en la Formación Profesional en el contexto de nuestro sistema educativo: el alumnado, las familias, los entornos, los centros educativos y la tarea educativa. La focalización en estos actores no nos debe llevar a obviar aquellos ejes del Decálogo del CECV que remiten directamente a dimensiones de organización y práctica educativa: las políticas, la innovación, la orientación, la participación y la ética, que en este caso se han relacionado y superpuesto a los objetivos Europa 2020.

Esta matriz se ha convertido en capital para afrontar la reflexión sobre el estado de la cuestión actual de la Formación Profesional y ha demostrado su idoneidad operativa en el proceso de formulación de propuestas estratégicas de mejora.

Aquello que encontraremos en este documento, por lo tanto, es el fruto de un trabajo complejo que ha sido asumido por la Ponencia específica “Repensem l’FP” del CECV. Un grupo de trabajo que, respondiendo a la configuración del Consell Escolar valenciano, ha aglutinado una representación de los sectores implicados en nuestro sistema educativo.

La apertura a la participación social en este documento no ha quedado limitada al ejercicio de la ponencia específica. Siguiendo la trayectoria que ha emprendido el CECV en la última etapa, se ha apostado por la participación directa de miembros de la comunidad educativa como vehículo mediante el cual acceder a voces plurales. Es por eso que con este objetivo, en este caso también, se diseñó y articuló un espacio de encuentro de actores- clave en la Formación Profesional (alumnado, profesorado, dirección de centros, empresas, etc.) que contribuyeron, desde aportaciones expertas, profesionales y vivenciales, a perfilar un diagnóstico de la situación actual de la Formación Profesional en nuestro contexto. Un material que ha sido base primigenia del trabajo posterior de la Ponencia.

El proceso que ha desarrollado el CECV para llegar al presente documento no ha estado exento de complejidad. Esta complicación radica en la apuesta por escuchar e integrar distintas aproximaciones y miradas respecto a la Formación Profesional, pero también en la trascendencia de la temática: Repensar la FP merece una reflexión profunda y responsable sobre la formación que necesitamos, sobre los ciudadanos y las ciudadanas que queremos, sobre la sociedad del futuro a la que aspiramos.