La voz de la comunidad educativa

–Participación y ética

Por lo que respecta a la participación y la ética desde la perspectiva del alumnado, haría falta remarcar tres aspectos que se consideran importantes de cara a estructurar las propuestas: la relación pedagógica, la inclusión de contenidos transversales y la flexibilidad en la creación de estructuras de participación. Estos tres aspectos están acompañados de una idea de cariz más transversal: la percepción del hecho de que la participación funciona mejor en la medida que se han superado los mecanismos institucionalizados. Con esta idea se intenta recoger la percepción de que los centros han acabado explorando vías propias para favorecer la participación del alumnado.

En referencia a la relación pedagógica, ésta se configura como una herramienta fundamental para garantizar tanto la participación como el desarrollo de una concepción ética de los estudios. Sería importante incluir contenidos transversales para favorecer el desarrollo de la dimensión ética de los estudios, así como para mejorar las condiciones y habilidades del alumnado en relación a la participación. Sería positivo también flexibilizar y fomentar la creación de estructuras de participación. Esta propuesta se relaciona de forma patente con la reflexión, ya apuntada unas líneas más arriba, relativa a si se puede regular la participación o si, en una interpretación más amplia del concepto de participación, habría que dar autonomía a los centros para configurar dinámicas y espacios de participación varios que partan de la realidad y necesidades de cada centro.

Cuando hablamos de la relación entre las familias y los centros educativos de FP tenemos que tener en cuenta la diversidad, dado que hay una distinción clara a hacer entre la Formación Profesional Básica, la FP de Grado Medio y de Grado Superior, sobre todo en la situación actual en que se constata el aumento  e la media de edad en FP. En cualquier caso, es muy importante que las familias se involucren directamente en la formación de sus hijos e hijas trabajando en colaboración con los centros educativos.

En el caso del alumnado de FPB las relaciones con las familias son más estrechas, al ser un alumnado más joven. Por otro lado, las familias tienen un papel muy importante también en cuanto al hecho de conseguir que el alumnado de grado medio continúe su formación con un grado superior. En el caso del grado superior, las familias tienen menos contacto con el centro puesto que el alumnado es mayor de edad. Es por eso que los centros necesitan que las familias confíen en su actividad y se comprometan con la tarea educativa respecto a sus hijos e hijas. Por su parte, las familias piden una participación más directa y menos residual en los centros.

La cultura de la no participación está instalada en los centros educativos como lo está en el resto de la sociedad. Hace falta un esfuerzo por reapropiarse de la participación, con actividades como por ejemplo jornadas temáticas o charlas, incluyendo la participación como una cuestión transversal al centro educativo. El centro educativo tiene que conseguir que el alumnado se sienta parte del centro y parte de la profesión que está aprendiendo. Desde esta perspectiva es relevante el enfoque desde una vertiente cognitiva de la participación. Nuestra sociedad no crea las condiciones idóneas para promover el trabajo cooperativo; esto es, sin embargo, fundamental.

Los centros de FP no pueden estar de espaldas al entorno, es más, pueden influir en el entorno, incluyendo una cultura participativa en la propia organización y repensando y reformulando la concepción que se tiene sobre la participación del profesorado en el centro, la participación de las familias y del alumnado. La participación tiene que ser ágil, por eso hay que hacerla más flexible, pero al mismo tiempo hay que asumir el hecho de que la toma de decisiones en los centros tiene que ir asociada a un proceso de participación. En esta línea justo es decir que el alumnado es el actor más invisibilizado, porque su participación queda supeditada a cuestiones estructurales muy determinadas y, al final, no se siente representado. La inclusión de la participación en la cultura organizativa de los centros educativos pasa para promover el diálogo. Informarse, dialogar y participar es tener una visión conjunta de los diferentes actores que están involucrados en la FP para poder actuar en consecuencia.

En relación al entorno, hay una idea generalizada de un momento de cambio de escenario y una necesidad de que el sistema educativo se adapte. Por otro lado, se plantea la necesidad de poner el foco en la relación con las asociaciones y federaciones de empresas y organizaciones empresariales.

Hay que remarcar tres aspectos que se consideran importantes de cara a estructurar las propuestas: la coordinación entre empresa y centro, la implicación y motivación del profesorado, y la articulación de una red de empresas compartida por los centros.

En cuanto al currículum, es importante centrar la atención en otras habilidades distintas a los contenidos específicos de los currículums, es decir, hay una necesidad de formar de manera integral los individuos, de forma que se hacen imprescindibles las competencias personales y sociales, además de las profesionales.

Desde la vertiente de la tarea educativa, se apuesta por una máxima común: la colaboración. Una  colaboración que es necesaria en cuanto a los recursos y a la formación, entre empresas, entre organizaciones educativas, entre niveles educativos, que iría acompañada de una concepción diferentes de la apertura de los centros.

A pesar de que en el módulo de Empresa e Iniciativa Empresarial (EIE) ya hay una formación orientada a la posibilidad de crear empresas, la Administración educativa tiene que favorecer proyectos que pueden a la vez incluir agentes externos en las organizaciones educativas para formar e informar al alumnado en relación a procesos emprendedores.

Experiencias como por ejemplo las aulas compartidas tienen que ser reforzadas para romper barreras que dejan fuera del sistema educativo el alumnado con riesgos de exclusión social. Las experiencias en diferentes espacios (formales y no formales) pueden favorecer la formación de más población.