La FP que queremos

–Participación y ética

  1. Alumnado
    • Incluir proyectos de aprendizaje-servicio basados en nuevas metodologías, como ABP (aprendizaje basado en proyectos), CI (capacidades de innovación), ABC (aprendizaje basado en competencias), Visual Thinking, Pensamiento de Diseño, entre otros. Para que esta medida sea efectiva haría falta que se vinculara a los contenidos trabajados en clase y que partiera de proyectos diseñados por el alumnado. Esta herramienta y otras similares podrían ayudar a dar sentido a lo que se está estudiando.
    • Reconocer, para incentivar los proyectos de aprendizajeservicio, una serie de créditos en función de los trabajos que se desarrollan y de las horas de dedicación que suponen. Habría que vincular estos incentivos con los créditos de innovación, ya reconocidos por la Administración educativa.
    • Hacer participar al alumnado en los procesos de evaluación. El alumnado tiene que evaluar tanto su propio aprendizaje como también al profesorado. En este sentido, hay que entender la participación en la evaluación también como un contenido transversal en todos los módulos.
    • Trabajar la igualdad como un valor y también en la dimensión práctica. La igualdad se plantea como un valor central en la formación de la ciudadanía, pero también tendría que ser central en la construcción de identidades profesionales menos marcadas por el género. Así, este contenido podría, en definitiva, tener incidencia al modificar la composición de los ciclos que tienen una matrícula claramente masculinizada o feminizada.
    • Favorecer espacios y estructuras de participación que trasciendan los centros. Esta cuestión se propone de cara a intentar involucrar distintos agentes sociales y al alumnado.
    • Hacer más rica y variada la vida de los centros para promover la participación del alumnado en actividades no estrictamente académicas: deportes, clubes de diferentes intereses (teatro, música, idiomas, etc.). De esta forma se integrarían los centros educativos en la comunidad a la que pertenecen.
    • Crear consejos comarcales integrados por agentes sociales, comunidad educativa y empresariado con el apoyo de dinamizadores de la participación para facilitar la participación
      del alumnado o, en el mismo sentido, recuperar los observatorios comarcales de ocupación que ya existieron en algún momento. En línea con lo que ya se ha mencionado, estos espacios de participación podrían no sólo mejorar la vinculación del alumnado, sino que podrían potencialmente ser lugares que favorezcan la creación de sinergias entre los distintos agentes sociales y los centros, de forma que pueda incrementarse la puesta en marcha de proyectos que redundan en una mayor participación, como los ya apuntados proyectos de aprendizaje-servicio u otros.
    • Identificar, por medio de estos observatorios o consejos comarcales, las necesidades formativas del alumnado. En este sentido, se plantea que, para que estos espacios puedan tener una participación con consecuencias efectivas, quizás habría que reflexionar sobre la conveniencia o no de flexibilizar tanto la puesta en marcha de nuevos ciclos como desactivar
      aquellos que ya no tengan una incidencia real en el tejido empresarial de cada territorio.
  2. Familias
    • Mantener una relación fluida y motivadora con el alumnado y las familias, por parte del centro, para que las familias muestren confianza y se involucren directamente en las indicaciones y sugerencias que puede hacer el profesorado respecto a las necesidades de sus hijos e hijas.
    • Fortalecer la aproximación del profesorado a las familias de forma que se teja una comunicación directa y fluida con ellas. Esto pasa por un interés manifiesto por el alumnado y sus familias, sobre todo en los casos disruptivos o con trayectoria de fracaso, y por la creación de canales de aproximación (horarios de reunión accesibles, seguimiento continuo, etc.). El contacto con las familias tiene que mejorar partiendo de la acción tutorial y desde la promoción y supervisión de los equipos directivos.
    • Asumir, por parte de las familias, un papel más activo en la elección, seguimiento y acompañamiento en relación a los estudios, incluso en el caso del alumnado de Grado Medio y Grado Superior.
    • Abrir las aulas y los centros a la participación directa de las familias.
    • Facilitar que las familias puedan ofrecer información a otras familias sobre la FP; ofreciendo información sobre los recursos e instalaciones de los centros, contribuyendo así a desestigmatizar este nivel formativo y resolviendo dudas. Las familias tienen que asumir un papel muy activo en la organización y participación de actividades educativas, con el objetivo de incrementar el conocimiento y la valoración social de la FP.
    • Valorar y dar a conocer el papel fundamental que tienen como actores reivindicativos todas las Asociaciones de Madres y Padres del Alumnado (AMPA) para pedir mejoras para la FP, desde los diferentes espacios de participación: desde los consejos escolares de centro hasta las administraciones.
  3. Centro educativo
    • Crear espacios de participación que hagan posible la construcción de una identidad de alumnado del centro.
    • Diseñar formación en participación en los centros educativos: destinada al equipo directivo, al profesorado, a las familias y al alumnado.
    • Revitalizar espacios y estructuras de participación ad-hoc que sirvan para canalizar la participación en los centros con la presencia de los diferentes actores: consejo de ciclo, grupos de representantes de aula, con presencia de los diferentes actores.
    • Facilitar la participación del alumnado por parte del centro educativo y especialmente del profesorado. Es una tarea que tienen que asumir los tutores y las tutoras del alumnado, los cuales tendrían que canalizar las diferentes formas de participación: directa, a través de asociaciones, etc.
    • Tejer redes de intercomunicación y diálogo entre centros educativos, entre los centros y las instituciones o entidades del entorno inmediato, entre los equipos directivos y las familias/la ciudadanía.
  4. Entorno
    • Ampliar los ámbitos de relación entre empresa y centro. Se pueden plantear actividades en las cuales las empresas entran en las aulas para compartir conceptos más actualizados y más arraigados a la realidad del mundo laboral. El centro tiene que tener mayor conocimiento de las características de las empresas, desde las más próximas hasta las que se encuentran en el extranjero. Haría falta, por lo tanto, elaborar una base de datos de empresas que tienen interés en tener alumnado en prácticas.
    • Incentivar la existencia en las empresas de una persona responsable en relaciones con entidades de formación, que actuaría como puente de conexión entre el centro y la empresa.
    • Actualizar la normativaque regula la coordinación entre el mundo empresarial y el educativo, para adaptarla a la realidad de cada momento, así como también para racionalizar las tareas burocráticas..
    • Formar de manera específica a todos los agentes que intervienen en la formación en empresas, tanto al profesorado como a la persona instructora del centro de trabajo. El profesorado tendría que recibir formación específica por parte de las empresas.
    • Colaborar con los centros de trabajo en la elaboración de un manual de procedimiento claro y exhaustivo para los tutores de empresa, revisable y actualizable.
  5. Tarea educativa
    • Dar apoyo a los proyectos de colaboración en el territorio y con éste.
    • Reforzar la posibilidad de desarrollar proyectos de empresa en los centros.
    • Fortalecer las relaciones con entidades educativas fuera del sistema educativo.
    • Favorecer las redes y la comunicación entre organizaciones educativas para compartir experiencias y materiales para desarrollar la tarea educativa, especialmente para el nivel de FPB.
    • Favorecer la elaboración y el intercambio de materiales educativos específicos para FP.
    • Facilitar que el alumnado continúe su formación, eliminando las trabas que limitan la conexión entre programas y niveles para favorecer la carrera profesional de todo el alumnado. Esto implica también pensar en la edad de acceso a los programas y en el alumnado que queda fuera de los procesos formativos.
    • Incluir en el currículum, como módulos y de manera evaluable, contenidos relacionados con las habilidades sociales. Son aspectos transversales que no sólo incidirían en la formación en valores y actitudes (empatía, asertividad, autoconcepto, autoestima, etc.), sino que pueden mejorar algunas aptitudes y habilidades útiles en los procesos de inserción laboral.
    • Incluir dentro de la evaluación, tanto del alumnado como del profesorado, aspectos relacionados con las habilidades sociales.
    • Buscar mecanismos para incentivar al profesorado a aplicar y desarrollar metodologías innovadoras para promover nuevas competencias para nuevas ocupaciones. Habría que determinar qué organismo tiene que identificar esas buenas prácticas y llevar a cabo el reconocimiento y certificación de los créditos.